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Mostrando las entradas de 2017

Las que lloran, por Silvana Aiudi

Nuestra amiga Silvana Aiudi hizo esta nota para La Vanguardia digital. Allí hablamos del proyecto, del libro colectivo, de lo que fuimos pensando en este tiempo.

Les dejamos el link: http://www.lavanguardiadigital.com.ar/index.php/2017/08/09/las-que-lloran/

Gracias, Silvana.

Elisabeth Rasgido. Testimonio de su prima Julia, por Silvana Aiudi

De la Eli yo me entero cuando la llevaron detenida. No vivo con ella. Me llamó mi tía y me dijo que hubo un allanamiento en la casa de Elisabeth. La policía buscaba una tal Chucky, alias Chucky. Le preguntaron si ella era alias Chucky y la Eli dijo que sí. El oficial tenía una orden de allanamiento y de detención. ¿Sabés qué vamos a hacer? Presentate mañana en la comisaría de Tortuguitas, le dijo el oficial de calle. Entonces ella fue y se presentó porque había una orden. Cuando fue, quedó detenida un tiempo en la comisaría de Tortuguitas y, después, la llevaron a San Martín. Mi prima Elisabeth es analfabeta, no sabe leer ni escribir, también le cuesta hablar. Mi tía me presentó a Carolina Abregú, nos empezamos a mover y, bueno, desde el 23 de diciembre está con arresto domiciliario en la casa. La Eli vive en Grand Bourg, casi llegando a Tortuguitas. Tiene un bebé chiquito y, cuando le pasa algo al bebé, no puede salir, tiene que esperar que llegue alguien por esa maldita pulsera. La a…

Las fotos de Anahí, por Marina Carbajal para Pagina /12

Anahí sonríe tímidamente, bella, con esa flor clara que adorna sus cabellos negros y un ramito entre sus manos, en un jardín, posiblemente del sur del conurbano. En otra foto la vemos sonreír con la boca más abierta, y deja ver sus dientes blancos, ordenados. Esta vez mira a la cámara. Muchas de las personas que lagrimeamos el viernes a la noche cuando supimos que era de ella ese cadáver desenterrado en la reserva de Santa Catalina, y nos dormimos angustiadas, la conocimos a Anahí sólo por esos flyers que la buscaban. Esos miniafiches que nos acostumbramos a recibir por Whatsapp, a circular en nuestros grupos, a postear en FB y en Twitter, casi semanalmente. Las pibas desaparecen. Y las familias las salen a buscar, armando redes de amistades y conocidos en alianza con organizaciones sociales y de mujeres que acompañan, para que la búsqueda llegue a los medios y se potencie la difusión. La palabra “desaparecido” se resignifica en esos flyers en femenino.

Algunas de las chicas que busca…

Katherine, por el colectivo Y que los platos los lave otros

Katherine Moscoso tenía 19 años y vivía en Monte Hermoso, un balneario del sur de la Pcia. De Buenos Aires. El 18 de mayo de 2015 fue al boliche y no volvió a su casa. Durante seis días la familia, junto con la policía, la buscó intensamente. Varias personas dijeron que la habían visto esa noche: en el boliche, saliendo del boliche, volviendo en dirección a la casa o siendo llevada en un auto a Sauce Grande, otro pequeño balneario vecino. El 23 de mayo el cuerpo de Katherine fue encontrado enterrado en un médano, a unas pocas cuadras de su casa. Tenía señales de haber sido enterrada todavía con vida. Tras el descubrimiento del cuerpo, un grupo de gente prendió fuego la Municipalidad de Monte Hermoso, la oficina de Seguridad, la casa del Jefe de Seguridad de ese momento y parte de la Comisaría local. Esa misma noche, un grupo de vecinos fue hasta la casa de Juan Carlos González (Canini), una de las últimas personas que habían estado con Kathy y que la policía tenía bajo custodia, y lo gol…

R, por Anabella Foscaldo

A mi hija nunca se lo conté, le dije que no tenía papá y ella nunca preguntó, hoy tiene 30 años. Nació mi hija y aprendí a quererla después, con el tiempo, al principio no la quería. Me ayudaba mi mamá, mi hermano… se usaba pañal de tela, y empecé a quererla. Nunca hablamos ese tema, es un tabú y me cuesta decirle a ella cómo fue que llegó, creo que para ella va a ser… se va a avergonzar.
Yo tenía 25 años cuando nació y aunque era grande, yo era muy inocente. Fui a un restaurante, me senté a tomar una bebida y él se vino a mi mesa y me dijo si se podía sentar, y no sé si yo era muy tímida  o no sé…, él se sentó y me dijo: “Yo soy fulano de tal, trabajo en tal lado. Yo te puedo conseguir trabajo; vamos, vení conmigo que voy a buscar unos papeles”.
Yo lo seguí, mientras íbamos el tipo me dijo: “Trabajo en la aduana, te puedo conseguir un trabajo ahí”. Me fui con él. Me llevó a una casa, me dijo que él cuidaba esa casa, y bueno… Me hace entrar, cierra la puerta, me lleva hacia una habitac…

El lado más amargo de una relación, por Laura Haimovichi

Un tema lamentablemente tan vigente como el de la violencia de género es abordado en “El sabor”, desde una perspectiva bastante particular. Su productor, Fernando Alvarez, quien además actúa en la obra junto a su mujer, cuenta cómo surgió este proyecto, comprometido con una causa que busca crear conciencia.

¿Cómo y por qué surge la obra “El Sabor”?
Hace aproximadamente 2 años, decidimos con Marcela Haimovichi, mi compañera, construir nuestro propio proyecto teatral, con el que pudiéramos armar una valija y llevarlo adonde fuera necesario. Queríamos hacer algo que nos gustara a los dos y, por mi militancia desde hace ocho años contra la violencia de género, le propuse salir a visibilizar la temática con un hecho teatral. Es un tema en el que hay mucho por decir y el teatro es una gran herramienta para hacerlo. En El sabor hablamos de una violencia que casi no se registra, la psicológica, que es de todos los días, lastima, destruye, anula, bloquea, silencia. Por suerte hay cada vez más m…

Testimonio, Silvina Quintans

El Dr. X no me saludó. Entró a la sala de partos de una coqueta clínica de la Capital Federal, charló con la partera y el anestesista, saludó a mi esposo, y fue directo a la camilla. Empezó su trabajo mientras charlaba de temas triviales con Ana, la partera: el resultado de un partido de futbol, la comida de la noche anterior.
El Dr. X no me dirige la palabra, pero decide inducir el parto con oxitocina porque rompí bolsa hace 24 horas y aún no tengo dilatación. La oxitocina hace su trabajo y las contracciones duelen mucho, ordena que me apliquen la peridural mientras mi esposo me acompaña y masajea mi espalda para aliviarme.
El médico, prestigioso y recomendado por sus pares, me ignora como si fuera un objeto. Me dirige la palabra por primera vez para pedirme que me ponga en posición ginecológica. Practica una serie de maniobras sobre mi cuerpo, introduce la mano por donde debería salir el bebé y saca sangre, líquidos, fluidos que arroja en un recipiente metálico. Nadie me explica nad…

Miranda Flores

Me llamo Miranda, tengo 31 años, nací en la provincia del Neuquén.
No me había preguntado sobre el abuso, hasta que me lo preguntaron y pude hacer memoria… Es que, quizás terminé por aceptarlo como “normal”.
A los 13 años, en primer año del secundario, viví mi primer abuso. Puedo recordar exactamente hasta la luz del lugar, y a la vez, lo había olvidado. Fue un profesor de contabilidad de un colegio conocido. Con nuestros compañeros varones él comentaba si éramos lindas o feas. Después nos hacía pasar al frente y exponer sobre algún tema. Un día me toco pasar al frente, me trató mal; me dijo: ¿sos estúpida? Reaccioné y salí del aula amenazando con dar aviso a la directora. Él salió también, me agarro del brazo. Su rostro… sus gestos ya no tenían la soberbia de hacía un rato, era otra persona. Empezó a tocarme el brazo, caricias en el pelo y en la bufanda, terminó por tocarme los senos... y yo sin poder moverme, sin poder decir una sola palabra, quieta… Trató de convencerme no sé de qué,…

Mi hermana, por LF

Mi hermana soportó la violencia de él en silencio desde inicio del noviazgo. Él trabaja en un organismo del Estado que se dedica a defender los derechos de las personas más vulnerables, además es experto en artes marciales y manejo de armas. Recién nos enteramos de lo que estaba pasando después de varios años. Supimosademás que una vez mi hermana había intentado suicidarse con el gas. Era tal la violencia que sufría que llegó a justificar el ¨desahogo sexual” de su marido aunque nos dijo también que después de cada episodio ella se ponía antiparras para no verlo, protectores de oídos y se envolvía en una frazada para evitar su contacto. En septiembre de 2010 mi hermana hizo la denuncia ante la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema de Justicia Nacional. En octubre, la ratificó y logró legalmente la exclusión de su marido del hogar. Al día siguiente me llamó desde la comisaría llorando. Estaba esperando un móvil para concretar la exclusión desde hacía horas. Frente a la …

C.A.L, por Ángela Pradelli

Él es abogado, tiene 70 años, pero parece más joven porque siempre hace deporte y se mantiene bien. Los dos veníamos de matrimonios anteriores y teníamos hijos. Al principio yo no estaba superenamorada, pero era una persona interesante intelectualmente, y me trataba bien. Decidimos convivir y él vino a vivir a mi casa.  Después de dos años aparecieron los primeros indicios, que yo traté de tapar, ante mis hijos, mis amigos, traté de no verlos yo misma. Empezó por controlarme el celular y pedirme explicaciones. Me cuestionó que quisiera seguir estudiando, no quería que me formara, que me capacitara y me desalentaba en todos mis proyectos.  Tenía una personalidad muy controladora, no sólo conmigo sino con los objetos de la casa. Cuando yo cambiaba un sillón de lugar, o algo más insignificante, como un adorno, por ejemplo, él se desestructuraba, y se enojaba conmigo.  Además estaban sus problemas con el alcohol, y todo fue empeorando cada día. Hay tantas cosas que podría contar. Yo tengo al…

Emilia, por Alejandra Correa

Tenía 17 años. Junto con mis hermanas se nos dio por hacer unas pulseras de madera pintada. Era verano y con un amigo decidimos ir a Córdoba de mochileros. Yo, como artesana, iba a vender esas pulseras que había hecho.
Ahora, a la distancia, pienso que mis padres eran muy libres, tal vez demasiado para los hábitos de esa época, fines de los años setenta, no sé… Pero de ningún modo, la libertad que me dieron justifica ningún maltrato de terceros. Aunque esto lo pienso hoy, entonces sí les tuve rabia. Fuimos a Córdoba, paramos en un camping de Villa Carlos Paz. A los pocos días, mi amigo hacía su vida y yo la mía.
Estando en Córdoba me enteré que estaba el Festival de Cosquín y como me gustaba mucho la música en vivo decidí ir. Asistí al espectáculo principal y después recorrí algunas peñas de los alrededores. Estaba contenta, esa noche me quedé a dormir en la casa de una amiga.
Al día siguiente, para volver al camping donde estaba parando, se me ocurrió hacer dedo. Una inconciencia, ingen…

Idalina Gamarra, por Cecilia Sorrentino

Lo conocí hace tres años y me enamoré. Yo tenía veintidós. Nos presentaron unos amigos en Ciudad del Este, donde vivíamos. Al principio me encantó que buscara cualquier excusa para pasar a verme por la peluquería. Creí que lo hacía porque era atento.
Yo había tenido a mi hijo muy joven, a los dieciséis, pero hacía ya tiempo que su padre y yo estábamos separados.
Cuando lo conocí a él pensé que podría rehacer mi vida.
Primero fueron sólo advertencias: “no hace falta que tengas amigas”, “no quiero que atiendas varones en tu peluquería”. Después empezó a celarme si iba al gimnasio, y hasta si leía una novela. Te parecerá increíble pero pensé: me cela porque me quiere.
Una vez me empujó y me apretó fuerte un brazo. Pero se arrodilló y pidió perdón. La siguiente fue una cachetada tan fuerte que sentí miedo. No el de gritar a los cuatro vientos, sino el de callar. Es un  miedo que te vuelve sumisa, ¿sabes? Un miedo que no le deseo a ninguna mujer.
Por ese entonces su padre me pidió que él se q…