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Bases de participación en el Libro Colectivo

Foto: Martina Bertolini
En ¿Por qué llora esa mujer? nos proponemos escribir y editar un Libro Colectivo con narraciones testimoniales de las mujeres que padecieron o padecen algún tipo de violencia (domèstica, ….
Por el hecho de ser mujeres. Ese es el punto de partida para la escritura de la narración. Por lo tanto, cada texto será, en primer lugar, un trabajo de escucha. Escuchar el relato de las víctimas contando su propia historia es el primer paso para escribir los relatos.
Escucharlas, lo resaltamos, incluso varias veces si fuera necesario.
La narración se escribirá siempre en la primera persona de la voz de la protagonista, para que en cada texto aparezca la voz callada de las mujeres. Se admiten narraciones testimoniales sobre la propia experiencia.
En ningún caso se aceptarán textos de ficción.

Los relatos pueden mencionar el nombre real de sus protagonistas, contener una inicial que se corresponda o no con su identidad, o un nombre diferente al nombre real, si la protagonista a…
Entradas recientes

C.A.L, por Ángela Pradelli

Él es abogado, tiene 70 años, pero parece más joven porque siempre hace deporte y se mantiene bien. Los dos veníamos de matrimonios anteriores y teníamos hijos. Al principio yo no estaba superenamorada, pero era una persona interesante intelectualmente, y me trataba bien. Decidimos convivir y él vino a vivir a mi casa.  Después de dos años aparecieron los primeros indicios, que yo traté de tapar, ante mis hijos, mis amigos, traté de no verlos yo misma. Empezó por controlarme el celular y pedirme explicaciones. Me cuestionó que quisiera seguir estudiando, no quería que me formara, que me capacitara y me desalentaba en todos mis proyectos.  Tenía una personalidad muy controladora, no sólo conmigo sino con los objetos de la casa. Cuando yo cambiaba un sillón de lugar, o algo más insignificante, como un adorno, por ejemplo, él se desestructuraba, y se enojaba conmigo.  Además estaban sus problemas con el alcohol, y todo fue empeorando cada día. Hay tantas cosas que podría contar. Yo tengo al…

Emilia, por Alejandra Correa

Tenía 17 años. Junto con mis hermanas se nos dio por hacer unas pulseras de madera pintada. Era verano y con un amigo decidimos ir a Córdoba de mochileros. Yo, como artesana, iba a vender esas pulseras que había hecho.
Ahora, a la distancia, pienso que mis padres eran muy libres, tal vez demasiado para los hábitos de esa época, fines de los años setenta, no sé… Pero de ningún modo, la libertad que me dieron justifica ningún maltrato de terceros. Aunque esto lo pienso hoy, entonces sí les tuve rabia. Fuimos a Córdoba, paramos en un camping de Villa Carlos Paz. A los pocos días, mi amigo hacía su vida y yo la mía.
Estando en Córdoba me enteré que estaba el Festival de Cosquín y como me gustaba mucho la música en vivo decidí ir. Asistí al espectáculo principal y después recorrí algunas peñas de los alrededores. Estaba contenta, esa noche me quedé a dormir en la casa de una amiga.
Al día siguiente, para volver al camping donde estaba parando, se me ocurrió hacer dedo. Una inconciencia, ingen…

Idalina Gamarra, por Cecilia Sorrentino

Lo conocí hace tres años y me enamoré. Yo tenía veintidós. Nos presentaron unos amigos en Ciudad del Este, donde vivíamos. Al principio me encantó que buscara cualquier excusa para pasar a verme por la peluquería. Creí que lo hacía porque era atento.
Yo había tenido a mi hijo muy joven, a los dieciséis, pero hacía ya tiempo que su padre y yo estábamos separados.
Cuando lo conocí a él pensé que podría rehacer mi vida.
Primero fueron sólo advertencias: “no hace falta que tengas amigas”, “no quiero que atiendas varones en tu peluquería”. Después empezó a celarme si iba al gimnasio, y hasta si leía una novela. Te parecerá increíble pero pensé: me cela porque me quiere.
Una vez me empujó y me apretó fuerte un brazo. Pero se arrodilló y pidió perdón. La siguiente fue una cachetada tan fuerte que sentí miedo. No el de gritar a los cuatro vientos, sino el de callar. Es un  miedo que te vuelve sumisa, ¿sabes? Un miedo que no le deseo a ninguna mujer.
Por ese entonces su padre me pidió que él se q…

Por qué llora esa mujer en La Garcìa Cultura

Agradecemos a Cynthia García y Mariana Collante por esta nota.

https://www.cynthiagarcia.com.ar/llora-esa-mujer/

Andrea Barrionuevo, por Oscar Marful

Mi nombre es Andrea Barrionuevo y tengo para contar dos historias. La primera es de cuando tenía ocho años. En esa época mi mamá militaba en un partido político y nos dejaba, a mi hermana de seis y a mí, al cuidado de un señor que le había recomendado su jefa política. Este hombre se llamaba Ángel, le gustaba que le dijéramos Angelito. Junto con nosotras también se quedaba un bebé que tendría un año (todavía usaba pañales) hijo de una compañera de mi vieja. El lugar donde nos dejaban a los tres, era un departamento en Ciudad Jardín de El Palomar. No recuerdo la dirección; sólo sé que enfrente había una calesita, que veíamos con mi hermana desde la ventana del departamento. Angelito siempre estaba vestido con una toallón atado a la cintura y el torso desnudo. No sé si se vestía así cuando se iban nuestras madres. Era gordo y se movía despacio. Era un tipo de sesenta años o más. Uno de los juegos que más le gustaba era sentarnos a upa y pedirnos que nos moviéramos. Tanto a mi herman…

Julia, por Alejandra Correa

Tenía 23 años y hacía poco tiempo que vivía sola. Estaba tan feliz, me sentía tan bien, que creía que a partir de ese momento sólo iban a pasar cosas buenas.
Dos hechos me hicieron prender todas las alarmas para siempre. El primero sucedió una noche en el barrio de Saavedra. Trabajaba en una productora de tv que funcionaba en una casa en Pinto y Huidobro. Ese día se había hecho tarde, serían las 10 de la noche, las 11 tal vez. Cuando salí, caminé derecho por Huidobro hasta Cabildo, seis cuadras a paso rápido, enfocada en llegar.
A las tres cuadras, un auto comienza a seguirme. Se me adelanta y frena en el borde de la vereda. Se baja un tipo con el pelo muy corto, morocho, corpulento. Un cana, pienso. De frente se acerca y me dice: “Flaquita, vení, vamos a tomar algo, te invito”. Lo que decía y su actitud física me hicieron retroceder instantáneamente. El tipo me agarró del brazo derecho y muy rápidamente, lo dobló y me lo puso en la espalda. Con su otra mano me agarró del pelo. Inmovil…

Testimonio Claudia Aguilar

Era febrero o marzo de 2010. No recuerdo mucho de ese verano, tenía 21 años, había cortado con el que había sido mi novio por 5 años el diciembre anterior y, a veces, es muy difícil saber qué hacer con la angustia.
Había salido a bailar a Ramos Mejía, estaba muy borracha o muy drogada o ambas (si es que existe alguna diferencia). Me tenía que tomar el colectivo de vuelta en la esquina de la casa en la que había vivido con Gastón, mi ex, y en la que él seguía viviendo. Todavía tenía la llave, toqué timbre y entré. Abrí la puerta del pasillo y Gastón abrió la de la casa, que era el PH del fondo. Sólo necesitaba dormir por unos cuantos meses.
En la cama, entredormida, veo al chabón arriba mío. “Salí, dejame”, le grité. Para lo único que sirvió fue para que me agarre las dos manos con las suyas por arriba de mi cabeza y no me dejara moverlas, todo al unísono con el susurro “puta, viniste para que te coja” en el oído. No lo podía mirar a la cara, yo no lo podía mirar a él. Miraba para el cos…