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Bases de participación en el Libro Colectivo

Foto: Martina Bertolini
En ¿Por qué llora esa mujer? nos proponemos escribir y editar un Libro Colectivo con narraciones testimoniales de las mujeres que padecieron o padecen algún tipo de violencia (domèstica, ….
Por el hecho de ser mujeres. Ese es el punto de partida para la escritura de la narración. Por lo tanto, cada texto será, en primer lugar, un trabajo de escucha. Escuchar el relato de las víctimas contando su propia historia es el primer paso para escribir los relatos.
Escucharlas, lo resaltamos, incluso varias veces si fuera necesario.
La narración se escribirá siempre en la primera persona de la voz de la protagonista, para que en cada texto aparezca la voz callada de las mujeres. Se admiten narraciones testimoniales sobre la propia experiencia.
En ningún caso se aceptarán textos de ficción.

Los relatos pueden mencionar el nombre real de sus protagonistas, contener una inicial que se corresponda o no con su identidad, o un nombre diferente al nombre real, si la protagonista a…
Entradas recientes

R, por Anabella Foscaldo

A mi hija nunca se lo conté, le dije que no tenía papá y ella nunca preguntó, hoy tiene 30 años. Nació mi hija y aprendí a quererla después, con el tiempo, al principio no la quería. Me ayudaba mi mamá, mi hermano… se usaba pañal de tela, y empecé a quererla. Nunca hablamos ese tema, es un tabú y me cuesta decirle a ella cómo fue que llegó, creo que para ella va a ser… se va a avergonzar.
Yo tenía 25 años cuando nació y aunque era grande, yo era muy inocente. Fui a un restaurante, me senté a tomar una bebida y él se vino a mi mesa y me dijo si se podía sentar, y no sé si yo era muy tímida  o no sé…, él se sentó y me dijo: “Yo soy fulano de tal, trabajo en tal lado. Yo te puedo conseguir trabajo; vamos, vení conmigo que voy a buscar unos papeles”.
Yo lo seguí, mientras íbamos el tipo me dijo: “Trabajo en la aduana, te puedo conseguir un trabajo ahí”. Me fui con él. Me llevó a una casa, me dijo que él cuidaba esa casa, y bueno… Me hace entrar, cierra la puerta, me lleva hacia una habitac…

El lado más amargo de una relación, por Laura Haimovichi

Un tema lamentablemente tan vigente como el de la violencia de género es abordado en “El sabor”, desde una perspectiva bastante particular. Su productor, Fernando Alvarez, quien además actúa en la obra junto a su mujer, cuenta cómo surgió este proyecto, comprometido con una causa que busca crear conciencia.

¿Cómo y por qué surge la obra “El Sabor”?
Hace aproximadamente 2 años, decidimos con Marcela Haimovichi, mi compañera, construir nuestro propio proyecto teatral, con el que pudiéramos armar una valija y llevarlo adonde fuera necesario. Queríamos hacer algo que nos gustara a los dos y, por mi militancia desde hace ocho años contra la violencia de género, le propuse salir a visibilizar la temática con un hecho teatral. Es un tema en el que hay mucho por decir y el teatro es una gran herramienta para hacerlo. En El sabor hablamos de una violencia que casi no se registra, la psicológica, que es de todos los días, lastima, destruye, anula, bloquea, silencia. Por suerte hay cada vez más m…

Testimonio, Silvina Quintans

El Dr. X no me saludó. Entró a la sala de partos de una coqueta clínica de la Capital Federal, charló con la partera y el anestesista, saludó a mi esposo, y fue directo a la camilla. Empezó su trabajo mientras charlaba de temas triviales con Ana, la partera: el resultado de un partido de futbol, la comida de la noche anterior.
El Dr. X no me dirige la palabra, pero decide inducir el parto con oxitocina porque rompí bolsa hace 24 horas y aún no tengo dilatación. La oxitocina hace su trabajo y las contracciones duelen mucho, ordena que me apliquen la peridural mientras mi esposo me acompaña y masajea mi espalda para aliviarme.
El médico, prestigioso y recomendado por sus pares, me ignora como si fuera un objeto. Me dirige la palabra por primera vez para pedirme que me ponga en posición ginecológica. Practica una serie de maniobras sobre mi cuerpo, introduce la mano por donde debería salir el bebé y saca sangre, líquidos, fluidos que arroja en un recipiente metálico. Nadie me explica nad…

Miranda Flores

Me llamo Miranda, tengo 31 años, nací en la provincia del Neuquén.
No me había preguntado sobre el abuso, hasta que me lo preguntaron y pude hacer memoria… Es que, quizás terminé por aceptarlo como “normal”.
A los 13 años, en primer año del secundario, viví mi primer abuso. Puedo recordar exactamente hasta la luz del lugar, y a la vez, lo había olvidado. Fue un profesor de contabilidad de un colegio conocido. Con nuestros compañeros varones él comentaba si éramos lindas o feas. Después nos hacía pasar al frente y exponer sobre algún tema. Un día me toco pasar al frente, me trató mal; me dijo: ¿sos estúpida? Reaccioné y salí del aula amenazando con dar aviso a la directora. Él salió también, me agarro del brazo. Su rostro… sus gestos ya no tenían la soberbia de hacía un rato, era otra persona. Empezó a tocarme el brazo, caricias en el pelo y en la bufanda, terminó por tocarme los senos... y yo sin poder moverme, sin poder decir una sola palabra, quieta… Trató de convencerme no sé de qué,…

Mi hermana, por LF

Mi hermana soportó la violencia de él en silencio desde inicio del noviazgo. Él trabaja en un organismo del Estado que se dedica a defender los derechos de las personas más vulnerables, además es experto en artes marciales y manejo de armas. Recién nos enteramos de lo que estaba pasando después de varios años. Supimosademás que una vez mi hermana había intentado suicidarse con el gas. Era tal la violencia que sufría que llegó a justificar el ¨desahogo sexual” de su marido aunque nos dijo también que después de cada episodio ella se ponía antiparras para no verlo, protectores de oídos y se envolvía en una frazada para evitar su contacto. En septiembre de 2010 mi hermana hizo la denuncia ante la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema de Justicia Nacional. En octubre, la ratificó y logró legalmente la exclusión de su marido del hogar. Al día siguiente me llamó desde la comisaría llorando. Estaba esperando un móvil para concretar la exclusión desde hacía horas. Frente a la …

C.A.L, por Ángela Pradelli

Él es abogado, tiene 70 años, pero parece más joven porque siempre hace deporte y se mantiene bien. Los dos veníamos de matrimonios anteriores y teníamos hijos. Al principio yo no estaba superenamorada, pero era una persona interesante intelectualmente, y me trataba bien. Decidimos convivir y él vino a vivir a mi casa.  Después de dos años aparecieron los primeros indicios, que yo traté de tapar, ante mis hijos, mis amigos, traté de no verlos yo misma. Empezó por controlarme el celular y pedirme explicaciones. Me cuestionó que quisiera seguir estudiando, no quería que me formara, que me capacitara y me desalentaba en todos mis proyectos.  Tenía una personalidad muy controladora, no sólo conmigo sino con los objetos de la casa. Cuando yo cambiaba un sillón de lugar, o algo más insignificante, como un adorno, por ejemplo, él se desestructuraba, y se enojaba conmigo.  Además estaban sus problemas con el alcohol, y todo fue empeorando cada día. Hay tantas cosas que podría contar. Yo tengo al…

Emilia, por Alejandra Correa

Tenía 17 años. Junto con mis hermanas se nos dio por hacer unas pulseras de madera pintada. Era verano y con un amigo decidimos ir a Córdoba de mochileros. Yo, como artesana, iba a vender esas pulseras que había hecho.
Ahora, a la distancia, pienso que mis padres eran muy libres, tal vez demasiado para los hábitos de esa época, fines de los años setenta, no sé… Pero de ningún modo, la libertad que me dieron justifica ningún maltrato de terceros. Aunque esto lo pienso hoy, entonces sí les tuve rabia. Fuimos a Córdoba, paramos en un camping de Villa Carlos Paz. A los pocos días, mi amigo hacía su vida y yo la mía.
Estando en Córdoba me enteré que estaba el Festival de Cosquín y como me gustaba mucho la música en vivo decidí ir. Asistí al espectáculo principal y después recorrí algunas peñas de los alrededores. Estaba contenta, esa noche me quedé a dormir en la casa de una amiga.
Al día siguiente, para volver al camping donde estaba parando, se me ocurrió hacer dedo. Una inconciencia, ingen…