Ir al contenido principal

Denunciar al padre, por Lorena





Cuando mi padre volvía borracho a la madrugada, nos echaba a mi madre y a mí a la calle y teníamos que refugiarnos en la casa de algún familiar. Lo recuerdo todo como si lo estuviera viviendo hoy: el miedo, nosotras escapando. Siempre era así, hasta que un día él iba a buscarnos, mi madre lo perdonaba y volvíamos los tres a la casa.

Mi padre decía que se había casado con mi madre porque ella había quedado embarazada y se quejaba porque decía que tenía que trabajar para mantenernos a las dos.

Que sin él, nosotras no éramos nada, nos decía, que no valíamos nada. Le decía a mi madre que era gorda, que nadie la iba a querer, que no tenía donde caerse muerta y la dejaba encerrada, mientras él se iba a gastar el sueldo en alcohol y prostitutas. Mi madre tuvo que empezar a limpiar casas para que pudiéramos comer.

Cuando discutían, mi padre siempre estrellaba platos contra las paredes. Yo me iba a mi habitación, me tapaba los oídos y me preguntaba por qué mi mamá no reaccionaba, por qué no nos íbamos y dejábamos de vivir en ese infierno, pero él ya había socavado su confianza y su autoestima.

Cuando por fin se separaron, tuve que quedarme con él porque mi mamá no podía mantenerme. Mi padre prometió pagarme los estudios a cambio de que no la viera más, inventaba fabulas sobre ella y llegó a decirme que ejercía la prostitución y también que yo no era su hija. Cuando sospechó que yo la veía a escondidas, me amenazó con llevarme a un juzgado de menores.

Ya más grande, en cuanto pude, me fui a vivir la capital. Después de dieciocho años regresé y él me ofreció, bajo la excusa de hacer las paces, vivir en la casa que había pertenecido a mis abuelos. Acepté porque era la oportunidad de recuperarla, restaurarla y dejar de pagar un alquiler. Él vive en la casa de adelante.

Al principio se comportaba bien, pero al poco tiempo volvió a maltratarme y a manipularme. Me queda chico este espacio para contar todas las manipulaciones psicológicas que sufrimos, tuve que hacer años de terapia para mirar de frente todo esto sin desmoronarme.

Hace dos días, me animé y por fin pude denunciarlo ante la justicia. No quiero que se nos acerque nunca más ni a mi hija ni a mí.

No es fácil denunciar a tu padre. Tengo mucho miedo de sus reacciones como si él estuviera adentro mío, en mi cabeza.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Tres miradas sobre el asesinato de Belén Canestrari, por María Isabel Rodríguez Osado

Testimonio de su hermana Marcela Canestrari El miércoles 30 de abril de 2013, pasé por la casa de mi hermana para tomar unos mates, tranquilas, aprovechando a que él no estaba. Belén tenía 26 años, dos hijos, Valentino y Máximo. Vi llorar muchas veces a mi hermana. Él era muy celoso, no la dejaba que tuviera amigas o saliera, ella venía a vernos a escondidas cuando él no estaba. La llamaba a cada rato para saber qué estaba haciendo y dónde. Ella lo justificaba y nos decía: Viste como es de hincha. Esa última mañana que nos vimos, yo tenía rasguños en los brazos porque había podado unas plantas; Belén me preguntó: ¿se pelearon con Diego?, ¿te pegó? Le dije: ¿qué estás diciendo? Ese día no me quedé a comer en su casa como otras veces. Tal vez, si yo me hubiera quedado, me contaba algo, a lo mejor me preguntó eso para sacar el tema. Como dije, la pareja de Belén era muy celoso, pero nosotros nunca la vimos golpeada. Le pregunté si el jueves siguiente, que era 1 de Mayo, lo podía ll...

Labio partido, por Ana Julia Di Lisio

Tuve muchas dudas en dar mi testimonio, pero me decidí porque pienso que puede ser un granito de arena más para poder avanzar en esta lucha. Nací mujer y primogénita en una familia italiana conservadora. Como eran los ’80, mis papás no supieron que iban a tener una nena hasta que nací y desilusioné a muchos familiares sólo al dar el primer respiro. Ni papá ni su familia pudieron superar el hecho de que yo no hubiera nacido hombre. “Tuviste una calabaza“, le decían mis abuelos a mi papá.             Cuando yo tenía cuatro años, mi papá me sacó de una reunión familiar colgando de mi brazo. No me acuerdo bien por qué, sí que me llevó zamarréandome hasta la barrera de Turdera. Fuimos hasta un lugar en donde no había nadie y, frente a las vías, ya en el piso, me pegó a escondidas de todos hasta que me partió el labio. Las escenas de mis papás discutiendo y las sillas volando para golpearse, eran frecuentes. Luego...

POR QUÉ LLORA ESA MUJER - EDICION DIGITAL, MARZO 2020

¿Dónde van a parar todas las historias sobre las violencias que tallan la vida de las mujeres a sangre y fuego? Algunas aparecen entre los vestigios del discurso de los medios de comunicación, fragmentadas, tamizadas por la ideología del medio en cuestión, las habladurías y la necesidad momentánea de “llenar un espacio”. Otras se pierden en la voraz maquinaria de los relatos judiciales, los testimonios policiales, los sitios donde la historia queda “registrada” por las instituciones. Y finalmente, todas logran atravesar el cerco de la historia propia, para darse a luz como relato en la charla íntima. Nuestra propuesta fue crear un espacio que pudiera reunir esas “charlas íntimas” para obtener así un testimonio de primera mano sobre las violencias a las que son sometidas las mujeres cotidianamente. Creamos ese espacio a partir de un grupo en Facebook y un blog que fueron motorizados por una convocatoria a brindar testimonio. Pensamos en una modalidad colectiva, mediada por las redes s...