Ir al contenido principal

Elisabeth Rasgido. Testimonio de su prima Julia, por Silvana Aiudi


De la Eli yo me entero cuando la llevaron detenida. No vivo con ella. Me llamó mi tía y me dijo que hubo un allanamiento en la casa de Elisabeth. La policía buscaba una tal Chucky, alias Chucky. Le preguntaron si ella era alias Chucky y la Eli dijo que sí. El oficial tenía una orden de allanamiento y de detención. ¿Sabés qué vamos a hacer? Presentate mañana en la comisaría de Tortuguitas, le dijo el oficial de calle. Entonces ella fue y se presentó porque había una orden. Cuando fue, quedó detenida un tiempo en la comisaría de Tortuguitas y, después, la llevaron a San Martín. Mi prima Elisabeth es analfabeta, no sabe leer ni escribir, también le cuesta hablar.
Mi tía me presentó a Carolina Abregú, nos empezamos a mover y, bueno, desde el 23 de diciembre está con arresto domiciliario en la casa. La Eli vive en Grand Bourg, casi llegando a Tortuguitas. Tiene un bebé chiquito y, cuando le pasa algo al bebé, no puede salir, tiene que esperar que llegue alguien por esa maldita pulsera.
La acusan de intento de homicidio de un señor del barrio, es un hombre que es cartonero y anda con un carro. Tengo la causa en mi casa, me estoy encargando como puedo, y te juro que leo y leo y hay contradicciones. La única que la apunta es la kiosquera del barrio que dijo que ese día la Eli tenía una calza azul, que era así, morocha, con un lunar en la cara. A la segunda declaración dijo que la Eli tenía un jean azul y que se llamaba Samanta. Pero mi prima se llama Elisabeth Rasgido, no Samanta. La kiosquera dice cosas distintas cada vez. Primero dijo que la Eli estaba con un nene el día que quiso matar al señor. Después dijo que estaba con el marido.
El hombre no la acusa así directo a ella. Le dijo a la policía que una tal Chucky intentó matarlo y que era morocha. Te imaginás que en el barrio somos todas morochas, puede ser cualquiera. También hay una declaración que dice que fueron seis puñaladas. En la otra, tres. ¿Por qué el juez no mira eso?
Yo no conozco a la abogada defensora que le dieron en San Martín pero, si soy abogada defensora, cómo no voy a ver los cambios en las declaraciones. El sábado la Eli me llamó y me dijo que le informaron que tiene que ir al juicio abreviado. La Defensora y el juez la consideraron culpable pero no hay pruebas y, además, la Defensora no llamó a los testigos que teníamos. Tampoco la conozco ni sé el nombre. La están acusando a mi prima injustamente, es una confusión, es más que nada por el alias Chucky, que a vos te pueden decir Chucky, a mí me pueden decir Chucky, y qué, ¿te van a agarrar por el apodo sin pruebas? No investigaron. Se aprovecharon que no sabe leer ni escribir para hacerle firmar papeles. Se quedaron con: tenemos a esta y nos quedamos con esta.
Tuve que comprar el expediente. Fue un lío porque tenía que solicitarlo mi prima por puño y letra. Estuve un mes porque le dictaba letra por letra o le escribía la letra y ella la copiaba. ¿Sabés lo que fue? Hasta que lo logré.
Mi hija más grande hizo una página y los compañeros del colegio se sumaron y compartieron el caso. Le preguntaban por qué y ella decía que Elisabeth era inocente, que la policía la acusaba sin pruebas de querer matar a un señor. Los chicos fueron buenos y se preocuparon y compartieron por Facebook la página. La gente grande es la que juzga. La gente te juzga por ser pobre, por ser villera.
Elisabeth vive con la madre y su bebé. La está pasando mal: tiene tuberculosis. Me duele porque es mi prima y sé que es inocente. Mis hijos me reclaman que no estoy, que llego tarde todas las noches por estar con la Eli, pero no la puedo dejar sola. Mientras tanto, los culpables están libres. A mí me cuesta todo esto. Yo soy sola, trabajo como empleada doméstica por hora en Palermo, me pagan en negro, alquilo en Grand Bourg. 
No la voy a dejar sola a mi prima. Es inocente.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Tres miradas sobre el asesinato de Belén Canestrari, por María Isabel Rodríguez Osado

Testimonio de su hermana Marcela Canestrari
El miércoles 30 de abril de 2013, pasé por la casa de mi hermana para tomar unos mates, tranquilas, aprovechando a que él no estaba. Belén tenía 26 años, dos hijos, Valentino y Máximo.

Vi llorar muchas veces a mi hermana. Él era muy celoso, no la dejaba que tuviera amigas o saliera, ella venía a vernos a escondidas cuando él no estaba. La llamaba a cada rato para saber qué estaba haciendo y dónde. Ella lo justificaba y nos decía: Viste como es de hincha.

Esa última mañana que nos vimos, yo tenía rasguños en los brazos porque había podado unas plantas; Belén me preguntó: ¿se pelearon con Diego?, ¿te pegó? Le dije: ¿qué estás diciendo?

Ese día no me quedé a comer en su casa como otras veces. Tal vez, si yo me hubiera quedado, me contaba algo, a lo mejor me preguntó eso para sacar el tema.

Como dije, la pareja de Belén era muy celoso, pero nosotros nunca la vimos golpeada. Le pregunté si el jueves siguiente, que era 1 de Mayo, lo podía llevar a …

Testimonio de Carmen Rivera

Apelo a una carta que nunca pude hacerle llegar a Cristina Fernández de Kirchner, por tratarse mi ex de un personaje público. 
Por razones obvias —miedo de que me pase algo-- no utilizo mi nombre verdadero. La carta está fechada a fines del año 2014, porque fue ese momento en que sucedió todo:


Estimada señora Presidenta de la Nación Argentina:
Soy la esposa legal, durante 35 años, de un asesor y encuestador kirchnerista, al que llamaré A.L. y me dirijo a Ud. porque por convicción personal (soy kirchnerista de la primera hora) no podría nunca enviar una carta de lectores al diario La Nación, por ejemplo, para “comidilla” de la oposición.
Mi intención es que Usted, Presidenta, esté enterada de los hechos que voy a denunciar, pero no he encontrado vía que me garantice que esta carta llegue solo a sus manos. Ninguno/a de los/las funcionarios/as, periodistas, militantes, etc., a quienes  les pedí se la envíen, siquiera me respondieron. Y eso los/as más respetuosos/as. Porque la mayoría me trat…