Ir al contenido principal

Todas somos María, por Andrea Domínguez Saucedo:





María de pies a cabeza

PREFACIO

A los 16 años a veces jugaba futbol.

A veces jugaba partidos importantes,
a veces no.

Mi entrenadora, siempre,

para alertarnos, a todas

nos nombraba MARÍA.

I

En la secundaria me enseñaron el cuerpo humano.

La maestra nos hacía aprender.

Posición anatómica:

Estar de pie.
Cabeza erecta sin inclinación.
Ojos abiertos, mirando al frente y al mismo nivel.
Brazos extendidos a los lados del cuerpo.
Palmas de las manos mirando hacia delante.
Piernas extendidas y juntas.
Pies paralelos y talones juntos.

A María la encontraron en posición genupectoral. (Busco en el diccionario, el miedo me hace aprender)

Aprender: posición genupectoral:

Sobre las rodillas.
Rezando que no te maten.
Con la vagina/ano desgarrados.
Con la cabeza contra el suelo.
Con la cara llena de lodo.

Fue hallada en su baldío favorito,
(cualquier baldío que una cruce de noche corriendo por miedo).
La encontraron degollada y desnuda.

Cuando le preguntaron a María qué había pasado
no nos contó que había salido de trabajar,
que había salido tarde porque su jefe le había amenazado,
ella tenía que pedir permisos algunos días
para recoger a su hija.

Pienso en María y creo que posición genupectoral
no es una posición
del cuerpo.

Es más como una

posición política,
como estar a la

izquierda hasta

abajo.

II

De chiquita siempre traje el pelo más o menos corto.
Odiaba peinarme,
jalones,
tirones,
gritones,
llorones.

Lo que más me molestaba era

que me estiraran los cabellitos de la nuca,
estiradosestirados hasta sentir que no podía girar el cuello,
sentir que no

tenía cuello.

A María también la encontraron en su cuarto

dicen que estaba boca abajo,
(casi siempre María tiene la cara en el suelo).

La hallaron con el cuello bien atado

estiradoestirado un cable por la nuca.

Recuerdo intentar girar el cuello,
girar y que los pelitos de la nuca se vayan
desprendiendo,

como a María le desprendieron la vida.

Más de la mitad de los hombres que conozco
jugó a maltratar animales.

María terminó también violada,
con el pantalón y el calzón hasta las rodillas.

¿por qué si nos van a matar nos violan?

(Creo que para ellos
nosotras somos los insectos)

Siempre de no mover el cuello
duele.

Cuando te ahorcan duele,
porque no mueves el cuello,
pero también porque uno recuerda,
que la vida nos la quitaron
hace tiempo,
y para arrebatarnos un poco más la dignidad,
siempre, María,
termina con los pantalones en las rodillas
y la cara sobre el suelo.

Yo quisiera que María muriera de vieja.

III

Entendí la importancia de los brazos a los 7 años,
cuando mi hermana me hizo caer
de cara
con las manos agarradas
detrás de la espalda.

Unos tres años más tarde

comprendí

la importancia de las palmas

de mis manos

que cubiertas por guantes no pudieron
detenerme
y volví a caer de cara.

Estar atada de manos,
con los brazos en la espalda,
con la angustia de ver el suelo
y no parar de caer.

Una tarde encontraron a María en la playa,

de nuevo muerta,

con las manos atadas en la espalda.
María siempre tiene poca ropa cuando la encuentran.

Arena, sol y mar,
paraíso.

Ojalá los rayos de luz no hubieran levantado el calor,
ni hinchado el cuerpo de María sobre el mar.
Ojalá María hubiera tenido las manos libres,
ojalá María se hubiera tapado con las manos el sol
porque tener súper poderes no,

(el súper poder de las mujeres es sobrevivir)

Sé que las aguas tienen también
a María en el fondo salando el mar.

IV

Yo no sé cómo se siente la libertad.
Pienso tal vez luce como mi foto,
tenía 1 año.
tenía 1 pañal.

Sentada sobre la arena,
con el torso desnudo,
con las piernas desnudas,
sobre la arena,
sin senos.

Tal vez la libertad.

Una de las últimas millones de veces
que encontraron a María
le llamaron puta por no tener los pezones en su lugar.

Y sus senos la hacen menos digna
y sus senos la hacen menos cuando los muestra
y sus senos la hacen menos cuando los mutilan
y sus senos la hacen mujer cuando el cáncer.

Entonces, María, seremos menos,
con o sin los senos.


Publicado en: Elperiodicodelassenoras.wordpress.com

Agradecemos esta entrada a la poeta y traductora argentina Laura Wittner.

Sobre la autora:

Andrea Domínguez Saucedo (10 de mayo 1993, D.F).
La encantadora capitalina estudió la licenciatura en Estudios Literarios en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Se ha dedicado con ahínco a la escritura creativa. Es posible saborear sus letras en diferentes medios electrónicos. Actualmente, después de ocuparse de los quehaceres de su hogar, edita la Revista Literaria Aeroletras. Es una amante de la cocina y las buenas costumbres.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Labio partido, por Ana Julia Di Lisio

Tuve muchas dudas en dar mi testimonio, pero me decidí porque pienso que puede ser un granito de arena más para poder avanzar en esta lucha. Nací mujer y primogénita en una familia italiana conservadora. Como eran los ’80, mis papás no supieron que iban a tener una nena hasta que nací y desilusioné a muchos familiares sólo al dar el primer respiro. Ni papá ni su familia pudieron superar el hecho de que yo no hubiera nacido hombre. “Tuviste una calabaza“, le decían mis abuelos a mi papá.             Cuando yo tenía cuatro años, mi papá me sacó de una reunión familiar colgando de mi brazo. No me acuerdo bien por qué, sí que me llevó zamarréandome hasta la barrera de Turdera. Fuimos hasta un lugar en donde no había nadie y, frente a las vías, ya en el piso, me pegó a escondidas de todos hasta que me partió el labio. Las escenas de mis papás discutiendo y las sillas volando para golpearse, eran frecuentes. Luego...

Cecilia Fernández, por Alicia Plante

Me llamo Cecilia Fernández, Gato , tengo 29 años y vivo sola en Longchamps, en una casa que me prestan. En dos semanas me encuentro con mi madre. Hace 8 años que no la veo. Mi madre es psicóloga. Solicité asesoramiento de una abogada compañera, una militante, Chiqui, que hablará conmigo antes del encuentro. Mi madre y mi progenitor se separaron cuando yo tenía 10 años, pero cuando vivíamos en la misma casa, era una tortura cenar juntos. Los dos se llevaban muy mal y ella le pegaba a él. A mí me daba miedo, asco, odio. Y cuando yo misma me rasguñaba o vomitaba ella me decía que yo tenía reacciones locas. Mi madre siempre supo todo y fue su encubridora. Por las dudas yo esperé a los 21 para irme, pero siempre viví en la violencia, tenía alucinaciones, cucarachas que me trepaban por las piernas, prendía la luz y no había nada, igual me dormía, toda encogida. Y ataques de pánico tenía, le contaba a mi madre, pero ella me decía que eran fantasías histéricas...

POR QUÉ LLORA ESA MUJER - EDICION DIGITAL, MARZO 2020

¿Dónde van a parar todas las historias sobre las violencias que tallan la vida de las mujeres a sangre y fuego? Algunas aparecen entre los vestigios del discurso de los medios de comunicación, fragmentadas, tamizadas por la ideología del medio en cuestión, las habladurías y la necesidad momentánea de “llenar un espacio”. Otras se pierden en la voraz maquinaria de los relatos judiciales, los testimonios policiales, los sitios donde la historia queda “registrada” por las instituciones. Y finalmente, todas logran atravesar el cerco de la historia propia, para darse a luz como relato en la charla íntima. Nuestra propuesta fue crear un espacio que pudiera reunir esas “charlas íntimas” para obtener así un testimonio de primera mano sobre las violencias a las que son sometidas las mujeres cotidianamente. Creamos ese espacio a partir de un grupo en Facebook y un blog que fueron motorizados por una convocatoria a brindar testimonio. Pensamos en una modalidad colectiva, mediada por las redes s...