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Mostrando las entradas con la etiqueta libro colectivo

Testimonio, por MEL

Hace seis años que soy enfermera neonatal y a medida que fueron pasando los años y fui adquiriendo más conocimientos, comencé a darme cuenta del maltrato con que los obstetras abordan a una mujer y a la hija o hijo que está por nacer. Me duele y me indigna la violencia obstétrica que se da todos los días por parte de obstétricas, médicos obstetras y anestesiólogos. La violencia se manifiesta hacia los pacientes de muchas maneras: maltrato verbal, forcejeos, fármacos mal indicados que aumentan o disminuyen las contracciones, compresión física para apurar la salida del bebé y niños que nacen prematuramente por cesáreas programadas anticipadamente cuando no existen causas para interrumpir el embarazo. Sé que es difícil de comprender pero, aunque mi lugar no es el de la paciente, la verdad es que yo, como profesional, me siento una víctima más de la violencia obstétrica ya que teniendo conocimiento de todo lo que sucede con las parturientas y sus bebes, no puedo oponerme y ten...

Morocha, por Inés Arteta

“...Yo antes presentía que algo me iba a pasar. No podía dormir. Me agarraba calor, frío; tenía  una estampita de San Jorge y le recé. Era sábado y él volvió a las 4 de la mañana. Los chicos  estaban durmiendo. Brian, que tenía dos años y tres meses, en mi pieza conmigo. Golpeó la  puerta. Me acerqué, dije quien es y dijo soy yo, abrime o rompo la puerta a patadas. Espié  por un agujerito y vi que venía con un escopetazo en la mano y traía una bici. Le abrí y se fue  para el fondo. Yo le dije: acá esta la cena que te dejé anoche, ¿no querés comer? No, me dijo. Tiró seis tiros allá en el fonfo. Despertó a los chicos. Entró a mi pieza y atrás entró corriendo  mi perrito y le tiró un tiro. Ahí, en mi pieza. La Virgen me dio fuerza para no ponerme mal. Me  dijo: vos te vas con tu macho o te mato. ¿De qué me hablás?, le dije. Y ahí me apuntó en mi  pecho. Agarré la punta de la escopeta y la corrí a un costado y tiró un tiro al techo. ¿Qué me ...

Jenny, por Hugo Paternoster

Mi nombre es Jenny, vivo en Neuquén. Conocí a mi segunda pareja a fines del año 1998. Estuvimos conviviendo un tiempo y decidimos casarnos. Yo ya tenía a mi primera hija, que en ese momento tenía dos años. Él empezó a golpearme a la semana de habernos casado.  Al poco tiempo nos fuimos a vivir a EEUU, pero no me adapté y bajamos a México, donde nació mi segundo hijo. Mi ex empezó a golpearme todos los días, también delante de mis chicos. Lo echaba de casa pero volvía, me pedía ver a los chicos y decía que iba a volver al psiquiatra, me prometía que iba a hacer el tratamiento. Sus amigos me contaban que se había querido suicidar tomando pastillas o que se había querido ahorcar. En 2003 volví de México, la situación era insostenible. Desde allá, él me llamaba por teléfono para decirme que volviera y me amenazaba con venir a buscarme. Con la Argentina en crisis, volví a México. Allí conseguí trabajo, en realidad, siempre fui el único sostén de la casa. Él volvió a golpearme....

Testimonio de Carmen Rivera

Apelo a una carta que nunca pude hacerle llegar a Cristina Fernández de Kirchner, por tratarse mi ex de un personaje público.  Por razones obvias —miedo de que me pase algo-- no utilizo mi nombre verdadero.  La carta está fechada a fines del año 2014, porque fue ese momento en que sucedió todo: Estimada señora Presidenta de la Nación Argentina: Soy la esposa legal, durante 35 años, de un asesor y encuestador kirchnerista, al que llamaré A.L. y me dirijo a Ud. porque por convicción personal (soy kirchnerista de la primera hora) no podría nunca enviar una carta de lectores al diario La Nación, por ejemplo, para “comidilla” de la oposición. Mi intención es que Usted, Presidenta, esté enterada de los hechos que voy a denunciar, pero no he encontrado vía que me garantice que esta carta llegue solo a sus manos. Ninguno/a de los/las funcionarios/as, periodistas, militantes, etc., a quienes  les pedí se la envíen, siquiera me respondieron. Y eso los/a...

Labio partido, por Ana Julia Di Lisio

Tuve muchas dudas en dar mi testimonio, pero me decidí porque pienso que puede ser un granito de arena más para poder avanzar en esta lucha. Nací mujer y primogénita en una familia italiana conservadora. Como eran los ’80, mis papás no supieron que iban a tener una nena hasta que nací y desilusioné a muchos familiares sólo al dar el primer respiro. Ni papá ni su familia pudieron superar el hecho de que yo no hubiera nacido hombre. “Tuviste una calabaza“, le decían mis abuelos a mi papá.             Cuando yo tenía cuatro años, mi papá me sacó de una reunión familiar colgando de mi brazo. No me acuerdo bien por qué, sí que me llevó zamarréandome hasta la barrera de Turdera. Fuimos hasta un lugar en donde no había nadie y, frente a las vías, ya en el piso, me pegó a escondidas de todos hasta que me partió el labio. Las escenas de mis papás discutiendo y las sillas volando para golpearse, eran frecuentes. Luego...

Las que lloran, por Silvana Aiudi

Nuestra amiga Silvana Aiudi hizo esta nota para La Vanguardia digital. Allí hablamos del proyecto, del libro colectivo, de lo que fuimos pensando en este tiempo. Les dejamos el link: http://www.lavanguardiadigital.com.ar/index.php/2017/08/09/las-que-lloran/ Gracias, Silvana.

Elisabeth Rasgido. Testimonio de su prima Julia, por Silvana Aiudi

De la Eli yo me entero cuando la llevaron detenida. No vivo con ella. Me llamó mi tía y me dijo que hubo un allanamiento en la casa de Elisabeth. La policía buscaba una tal Chucky, alias Chucky. Le preguntaron si ella era alias Chucky y la Eli dijo que sí. El oficial tenía una orden de allanamiento y de detención. ¿Sabés qué vamos a hacer? Presentate mañana en la comisaría de Tortuguitas, le dijo el oficial de calle. Entonces ella fue y se presentó porque había una orden. Cuando fue, quedó detenida un tiempo en la comisaría de Tortuguitas y, después, la llevaron a San Martín. Mi prima Elisabeth es analfabeta, no sabe leer ni escribir, también le cuesta hablar. Mi tía me presentó a Carolina Abregú, nos empezamos a mover y, bueno, desde el 23 de diciembre está con arresto domiciliario en la casa. La Eli vive en Grand Bourg, casi llegando a Tortuguitas. Tiene un bebé chiquito y, cuando le pasa algo al bebé, no puede salir, tiene que esperar que llegue alguien por esa maldita pulser...

Katherine, por el colectivo Y que los platos los lave otros

Katherine Moscoso tenía 19 años y vivía en Monte Hermoso, un balneario del sur de la Pcia. De Buenos Aires. El 18 de mayo de 2015 fue al boliche y no volvió a su casa. Durante seis días la familia, junto con la policía, la buscó intensamente. Varias personas dijeron que la habían visto esa noche: en el boliche, saliendo del boliche, volviendo en dirección a la casa o siendo llevada en un auto a Sauce Grande, otro pequeño balneario vecino. El 23 de mayo el cuerpo de Katherine fue encontrado enterrado en un médano, a unas pocas cuadras de su casa. Tenía señales de haber sido enterrada todavía con vida. Tras el descubrimiento del cuerpo, un grupo de gente prendió fuego la Municipalidad de Monte Hermoso, la oficina de Seguridad, la casa del Jefe de Seguridad de ese momento y parte de la Comisaría local. Esa misma noche, un grupo de vecinos fue hasta la casa de Juan Carlos González (Canini), una de las últimas personas que habían estado con Kathy y que la policía tenía bajo custo...

R, por Anabella Foscaldo

A mi hija nunca se lo conté, le dije que no tenía papá y ella nunca preguntó, hoy tiene 30 años. Nació mi hija y aprendí a quererla después, con el tiempo, al principio no la quería. Me ayudaba mi mamá, mi hermano… se usaba pañal de tela, y empecé a quererla. Nunca hablamos ese tema, es un tabú y me cuesta decirle a ella cómo fue que llegó, creo que para ella va a ser… se va a avergonzar. Yo tenía 25 años cuando nació y aunque era grande, yo era muy inocente. Fui a un restaurante, me senté a tomar una bebida y él se vino a mi mesa y me dijo si se podía sentar, y no sé si yo era muy tímida  o no sé…, él se sentó y me dijo: “Yo soy fulano de tal, trabajo en tal lado. Yo te puedo conseguir trabajo; vamos, vení conmigo que voy a buscar unos papeles”. Yo lo seguí, mientras íbamos el tipo me dijo: “Trabajo en la aduana, te puedo conseguir un trabajo ahí”. Me fui con él. Me llevó a una casa, me dijo que él cuidaba esa casa, y bueno… Me hace entrar, cierra la puerta, me lleva ...

Testimonio, Silvina Quintans

El Dr. X no me saludó. Entró a la sala de partos de una coqueta clínica de la Capital Federal, charló con la partera y el anestesista, saludó a mi esposo, y fue directo a la camilla. Empezó su trabajo mientras charlaba de temas triviales con Ana, la partera: el resultado de un partido de futbol, la comida de la noche anterior. El Dr. X no me dirige la palabra, pero decide inducir el parto con oxitocina porque rompí bolsa hace 24 horas y aún no tengo dilatación. La oxitocina hace su trabajo y las contracciones duelen mucho, ordena que me apliquen la peridural mientras mi esposo me acompaña y masajea mi espalda para aliviarme. El médico, prestigioso y recomendado por sus pares, me ignora como si fuera un objeto. Me dirige la palabra por primera vez para pedirme que me ponga en posición ginecológica. Practica una serie de maniobras sobre mi cuerpo, introduce la mano por donde debería salir el bebé y saca sangre, líquidos, fluidos que arroja en un recipiente metálico. Nadie me...