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Rosana Suárez, por Angela Pradelli


Quiero contar mi historia acá. ¿Sabe qué?; cuando miro hacia atrás, no puedo creer que viví todo eso. Y lo peor es que las cosas siguen más o menos igual. 

Tengo 45 años y estuve 20 años con mi ex.  Tuvimos tres hijos. Yo siempre trabajé mucho porque él hacía changuitas nomás.  Cuando volvía de trabajar, él me decía Puta; y que me había ido a encontrar con mis machos por ahí, así me decía.  Hasta perdí varios trabajos por su culpa.

Yo pagaba su comida, sus cigarrillos, la nafta para su moto. Sos una Puta, me decía él, sos una Puta.  En 2012 nos separamos, pero él venía todos los días a mi casa a la mañana y se quedaba hasta la noche. Yo lo dejaba entrar para que mis hijos siguieran viendo al padre.
Después de seis meses, yo empecé una nueva relación. Un día llegué de trabajar a las dos de la tarde;  mi ex estaba en mi casa con mis dos hijos más grandes. El más chico estaba en la escuela. Yo sabía que me engañabas, Puta, me gritó. Entraba y salía de la casa. Que nos iba a matar a todos, gritaba.  No sabíamos qué hacer. A las cuatro fui a buscar al nene a la escuela. Él agarró una cuchilla grande y fue en la moto al lado mío. Cuando el nene salió, lo subió a la moto y lo llevó hasta la casa de mi nueva pareja. Le pateó el auto, la puerta, lo amenazó de muerte.

Volvió a casa fuera de sí. Mi hija lloraba y me pidió que nos fuéramos. Junté algo de ropa y nos fuimos  a la casa en la que trabajo desde los 17.  El nene le dijo a la señora: Mi papá va a matar a mi mamá.

Hice la denuncia en la Comisaría de la Mujer y  en Tribunales. Él empezó a buscarnos por todos lados. Dónde están, Puta, me decía por mensaje. Yo tenía que seguir trabajando para darle de comer a mis hijos. Pude mantener dos casas. En una, la señora me iba a buscar en auto a la parada, yo me subía corriendo, me acostaba en el asiento de atrás, me tapaba con una frazada oscura. 

Un día mi ex llegó antes que yo a la escuela,  le dijo a la maestra que iba a secuestrar al nene y lo subió a la moto. Me había dicho que iba a matar al nene para que yo sufriera. Llegué justo; me puse delante y me aferré al manubrio. Arrancó y me arrastró media cuadra. Un hombre lo frenó y las maestras nos metieron en la escuela a mi hijo y a mí y llamaron al patrullero.

Otra vez me pegó una trompada.

Nunca me pasa plata para los chicos. El día que le dije que el nene necesitaba zapatillas me contestó: Que se las compre el macho que te coge.

No siempre la policía  me  tomó las denuncias. Ya hiciste varias, me decían cuando me veían.

Las mujeres que vamos a denunciar a los hombres violentos somos maltratadas en las comisarías. También cuando vamos a buscar el perímetro a los Tribunales. Yo reclamo, me quejo. Si fuera abogada me atenderían rápido, pero a los que no tenemos para pagar no nos dan pelota. Uno de los empleados me puso “la cabrita” porque dice que siempre me quejo.

Un día mi ex me tuvo tres horas secuestrada en una pieza. Tenía una cuchilla grande y me gritaba. Cuando sonó mi celular me dijo: Si atendés te mato; y me retorció un brazo.  Pensé que me iba a clavar la cuchilla. A las cuatro me dejó salir para ir a buscar al nene al colegio, yo iba caminando y él iba al lado mío en la moto.

Muchas veces me mandó este mensaje: Tengo dos balas, una para vos y otra para tu macho.

Otro día esperó a mi hija en la puerta del colegio y le tiró la moto encima para matarla.
¿Perímetros? Nunca respetó ninguno, total, no pasa nada.

¿La justicia? El mismo juez que firmó el perímetro para que él no se nos acercara me citó unos días después y me dijo que el padre tenía derecho a ver a su hijo. ¿Usted entiende eso?

Que alguien me explique por qué con 20 denuncias penales lo llamaron sólo una vez. Ya perdí la cuenta de los días que fui a hablar con el fiscal, sólo una vez me atendió.
¿Por qué en el 144 no contesta nadie?

Antes yo era muy débil, todo me daba miedo, pero me tuve que hacer fuerte por mis hijos. Imagínese, hasta salí con un caño por si mi ex me atacaba en la calle.


Ahora estoy tranquila, porque tengo el carácter más duro.

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