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Testimonio de Carmen Rivera

Apelo a una carta que nunca pude hacerle llegar a Cristina Fernández de Kirchner, por tratarse mi ex de un personaje público. 

Por razones obvias —miedo de que me pase algo-- no utilizo mi nombre verdadero. La carta está fechada a fines del año 2014, porque fue ese momento en que sucedió todo:



Estimada señora Presidenta de la Nación Argentina:

Soy la esposa legal, durante 35 años, de un asesor y encuestador kirchnerista, al que llamaré A.L. y me dirijo a Ud. porque por convicción personal (soy kirchnerista de la primera hora) no podría nunca enviar una carta de lectores al diario La Nación, por ejemplo, para “comidilla” de la oposición.

Mi intención es que Usted, Presidenta, esté enterada de los hechos que voy a denunciar, pero no he encontrado vía que me garantice que esta carta llegue solo a sus manos. Ninguno/a de los/las funcionarios/as, periodistas, militantes, etc., a quienes  les pedí se la envíen, siquiera me respondieron. Y eso los/as más respetuosos/as. Porque la mayoría me trató de “loca”, “macrista”, y utilizando irreproducibles insultos que recibí en el peor momento de mi vida.

Mi intención es, como antes dije, que sepa que acuso al señor A.L. de golpeador, hombre violento, y es por eso que realicé la denuncia el 30 de setiembre de 2014, en Lavalle 1247, y en el Juzgado civil 87, que pasó luego a la UFI de la calle Paseo Colón 1660. Por supuesto que no pasó nada al tratarse de semejante personaje público.

El caso es simple y muy común: al descubrirle una doble vida la reacción del señor A.L. fue la violencia: me dio palizas durante cuatro meses desde el 3 de enero de este año 2014, hasta que escapé con lo puesto de mi domicilio a fines del mes de abril, al ver seriamente amenazada mi integridad física y psicológica. Y me fui a vivir a la casa de una amiga. Porque, señora, el señor A.L. me hubiera matado, seguramente, sin importarle que en el año 2012 sufrí un infarto muy grave.

Pero la cosa no terminó allí. Porque el señor A.L. continuó acosándome por wasap, teléfono, mails, con amenazas tales como “la vida no vale nada en este país, te puedo hacer matar por ocho mil pesos…” ¿Pero, y por qué? ¿Por qué tanta saña contra alguien de quien, evidentemente, quería deshacerse? Bueno, la cosa quizás tenga que ver con que pude descubrir que, además del tema sentimental, A.L. me estaba estafando económicamente, a mí y a mi hija, claro está, a través de maniobras económico-financieras non sanctas, del tipo de esas que puede llevar a cabo un hombre con Poder y que me reservo mencionar por estar toda esa información relacionada con su actividad política y en manos de abogados. Descubrí, además, que, el señor A.L., usurpa un título que no tiene, porque no es sociólogo y esto será para Ud. muy fácil de comprobar.
Podrá Ud. tratarme de lo que quiera, pero aquí lo que importa son los hechos, estos hechos y otros que, más tarde o más temprano, saldrán a la luz y podrían perjudicarla a usted, Presidenta, ajena totalmente a estas acciones.

El señor A.L. es un personaje público, quien habla en nombre de su gobierno, identificado por toda la gente con el mismo, pero que en la intimidad distorsiona las convicciones, más legítimas de su presidencia, a mi humilde entender. Por eso, solo quiero que esté enterada, Presidenta, de quién es esta persona que fue 35 años amargos mi marido y con el cual tengo una hija, que está sufriendo y mucho las consecuencias de semejante estafa y defraudación a su propio grupo familiar. Una estafa no solo afectiva, que eso no se puede juzgar, sino económica. 

Muchas gracias por escucharme, si es que es posible que alguna vez exista esa oportunidad.

Carmen Rivera


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